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22/11/09

Días como éste (5)


... domingos: tan repetitivos, que calificarlos así resulta una tautología o un lugar común. No queda más que leer diarios viejos - quizá un vano intento de escapar al tiempo -, mirar cómo se seca la tierra en las macetas o adivinar los nombres de los pequeños transeúntes que se divisan en la plaza. Creo que ya hice eso otro domingo, nosécual; quizás estoy desescribiendo estas palabras pero no me doy cuenta. Mejor voy a lavarme la lluvia-de-ayer.
Si tengo suerte, otra lluvia vendrá a lavarme el hoy.

5/8/09

días como éste (4)

... en los que no puedo dibujar una hoja de árbol nisiquiera mirándola. Entonces las manos son sueños, o errores.

20/6/09

Días como éste(3)

... en los que uno se va a dormir a las nueve de la noche y se despierta a las dos de la madrugada, con la certeza de no existir en el mundo, a pesar de.

2/4/09

Días como éste (2)


…en los que me dan ganas de mirar los tres estantes de la biblioteca, elegir los libros que más quiero, acariciar sus páginas amarillas de tiempo y, en un ataque súbito de locura, arrojarlos a todos por la ventana, bien lejos. Es el olvido o la muerte… arrancarme la piel desde adentro, realizar el más terrible de los sacrificios. Quemar el resto de los libros que compré por obligación o interés; bailar alrededor del fuego como en un ritual satánico. Correr a la librería más cercana y comprar las obras completas de Osho y Bucay. Llegar a casa e instalarlos sobre las cenizas de las palabras que amé alguna vez. No es suficiente, debo traicionarme hasta el asco, quebrar la resistencia más ínfima. Y luego, parado en el centro de la nada, frente a la biblioteca, contemplar toda la sabiduría que me enseñará a ser feliz. Es cuestión de tiempo… unos segundos para volver a la ira visceral, proferir el más crudo de los gritos, derribar a Osho y a Bucay de sus pedestales, arrancar las páginas de sus libros con los dientes, escupirlos, mearles encima, pisotearlos, bailar sobre los despojos de la felicidad. Dirigirme hacia la ventana, abrir las celosías, dar paso al gran viento que se llevará todo: las palabras muertas, los restos de la ira, la felicidad y el tiempo. Nuevamente desde la nada, escuchar los sollozos de la ciudad, los martillos que repiquetean desde arriba desde abajo desde todas partes… -“tututututututtutututu” - ya soy un cuerpo rebotando al son del progreso, una molécula de carne que vibra secretamente.

De vez en cuando viene bien sacrificarlo todo, destruir el mundo en un arrebato irracional y ejecutar el exorcismo imprescindible de estar vivo. Pero lo mejor de todo es existir en esta ficción, esta mentira vil del lenguaje. Miro a mi izquierda; la bilioteca: allí están nuevamente las palabras amadas, la ira, la felicidad, el tiempo…

25/1/09

Días como éste

... en los que: afuera corre viento sur, el perro mira tristemente por la rendija de la puerta y la número uno del mundo queda eliminada del Abierto de Australia; definitivamente no queda más nada que decir.