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16/4/10

Proyecto para un Manifiesto Terrorista


A veces me preguntan por qué no publico lo que escribo. Podría hacerlo, cualquiera puede. Pero después tendría que hacerme el siguiente cuestionamiento: ¿justificarían mis palabras tanto papel? No. Nada que sea hecho con el lenguaje justifica siquiera una hoja de papel. No pensar en ese proceso de producción (del árbol al papel) es una omisión deliberada; al mismo tiempo, este soporte se nos presenta materialmente como una realidad ineludible e inevitable: necesitamos producirlo.
Intentando responder al interrogante inicial, puedo dejar que mis poemas ardan en el vacío, no obstante, no evitaré la tala de árboles, menos el avance de la manufactura papelera. En definitiva, somos capaces de escribir cualquier cosa y sin duda tendremos la posibilidad de publicar después. Pero esa acción jamás será inocente; en donde sea, todo el tiempo a nuestras espaldas correrán ríos mudos de sangre. Al menos tendríamos que ser conscientes de este crimen que cometemos constantemente. No puede haber mejor motivación: nos obliga a escribir con un estado máximo de conciencia, nos pone la responsabilidad de cargar con fuego nuestras sienes cada vez que nos atrevamos a darle a una palabra su forma material. De ahora en más debemos producir discontinuidades en el universo: demorar para siempre al transeúnte en la esquina; perforar todos los paraguas para que la gente jamás vuelva a olvidar el sabor de la lluvia; inventar vuelos verticales inversos para que la caída pierda su sentido; dibujar extremidades a las piedras y que éstas invadan nuestras ciudades hasta expulsarnos hacia los campos; liberar a todos los animales de los zoológicos; regalar armas de fuego a niños y a locos; atar rollos de papel higiénico en los paragolpes de los autos… crear un mundo inverosímil, donde no haya lugar para el hombre. Después de todo, estamos destruyendo el mundo. Entonces, deberíamos destruirlo de la mejor manera posible.


(continuará…)

24/2/10

paradigmas


A la hora de escribir, las libretas y las hojas sueltas son dos maneras diferentes de ver el mundo.
Unos, los usuarios de las libretas, tienen todas sus anotaciones anilladas y en perfecto orden. Pueden volver a ellas siempre que quieran e incluso numerar las páginas. Los otros, en cambio, andan por la vida con las hojas sueltas. Éstas no caben en cualquier bolsillo; se hace necesario un sobre o varios para guardarlas y el riesgo de que alguna hoja se pierda es constante. Pero está bien, porque estas personas, temerarias, no temen por sus palabras y pueden usar cualquier papelito para anotar sus pensamientos.


Dedicado a Aimé, quien va por la vida escribiendo en hojas sueltas y papelitos (y eventualmente perdiéndolos).


29/7/09

nota al pie

"Las hojas restantes de mi libreta son como un lenguaje que se va apagando; un descenso al silencio. Y entonces escribir - lo que sea - puede volverse un acto desesperado o por el contrario, un plan meticuloso. Es preciso elegir cada palabra cuidadosamente, calcular su efecto, sopesarla en medio del silencio antes de que se dirija hacia la nada. Esa nada que resulta el lenguaje ya dicho. Una muerte extraña, absurda y absoluta."


Empiezo a economizar, ya no anoto ciertas cosas que pienso o me ocurren (¿ocurro o me piensan?) porque, probablemente, pueden carecer de sentido suficiente como para ser escritas en. Después de todo, ¿qué puede ser tan relevante como para justificar una palabra escrita? De esa manera hay un montón de circunstancias cotidianas que pasan totalmente desapercibidas. Forman parte de la literatura anónima de nuestras vidas.
A saber.
Hoy Sentí la libertad efímera - pero infinita en su brevedad - de caminar sin preocupaciones. Más tarde tuve un libro en mis manos y comprendí que, en ese momento, esa historia era mi única realidad posible. Me desperté solo en la mitad de la noche (quiénsabecuál de estas noches, de todas las noches), y mi brazo buscó maquinalmente un costado que no existía, que jamás estuvo ahí. De aquella desdicha sólo conservo un gusto amargo en las manos, más bien un sudor invisible que no termino de lavar... ¿será eso la soledad del hombre: una mugrecita, las pelusas de abajo de la cama?
Y así sucesivamente.

Éste es el punto en el que, ambos, usted lector invisible (pero usted ya lo sabía) y yo (pero yo también lo sabía), comprendemos que todo lo anteriormente escrito carece por completo de sentido. Eventualmente voy a comprar otra libreta y las vivencias que mencioné ya forman parte de este blog. Están dirigidas hacia todos o hacia nadie. Y sí, era lindo pensar en un lenguaje que se apaga, hablar sobre la libertad, decir que la soledad tal cosa y las realidades absolutas. Era lindo creer que estaba haciendo literatura.