17/8/10

Para una eventual despedida de mis seres queridos

Correr para despedirse, no llegar, quedarse con el chau atragantado en la palma de la mano... a veces pasa, la gente se queda con la sensación trunca y la mano en el aire que se enfría sola.

Pero ¿por qué este ritual de poner nombre a un océano de personas y de tiempo que se abre entre nosotros? Parece no ser suficiente con vos allá y yo acá, hay que sacar pañuelos de los bolsillos para agitarlos en señal de adiós, mirarnos y hablarnos como si nunca más, descorrer a la persona ausente de cada uno del os rincones que habitó.

Una vez leí en una biografía (de Gandhi) que los hindúes no creían en las despedidas, o mejor dicho, ellos no decían Hadiós, porque conocer a una persona implicaba llevarla en el espíritu para siempre. Creo que me gusta como piensan los hindúes de ese libro, y por eso quizá sea más saludable decirnos hola de vez en cuando, aunque estemos en continentes diferentes. Simplemente podríamos asomarnos a la ventana y deslizar un: - hola. Probablemente haya alguien del otro lado, en algún otro lado, capaz de devolvernos el saludo.



13/7/10

"huir sin dejar rastro"

Suertes

Azar no es arrojar una moneda al aire.
Ni siquiera esperar el cara o cruz..
Azar es atrapar la moneda en el aire
y huir sin dejar rastro.


Jorge Boccanera .-


Obviamente voy a susurrar este poema, y de ser posible, saldré corriendo después de susurrarlo. Voy a elegirlo para aquellas personas que me parezcan indecisas o hastiadas, no con la intención de que tomen una decisión, ni para cambiar su concepción del Hazar o la suerte, sino para que huyan conmigo.

Hoy la poesía tiene para mí la forma de una moneda irresuelta, de una palabra suspendida en el aire.




1/7/10

ene cinco

Porque algún día había de volver (?)


(07/05)

Me subí por equivocación a un N5. El colectivo da tantas vueltas que no tengo la menor idea de dónde estoy. Cada tanto pasamos por una avenida conocida, pero inmediatamente después el chofer gira el volante como si abriera la compuerta de un dique, y el colectivo se retuerce como un gusano de metal, internándose por otra callecita que tampoco conozco.

Miro a través de la ventanilla las casas apagadas y sus jardines impecables, los autos nuevos y los árboles prolijamente podados. Observar la ciudad a la madrugada resulta tan intrigante como contemplar a una mujer cuando duerme. Tengo sensaciones entremezcladas: por un lado, la emoción de estar recorriendo lugares desconocidos; por el otro, un poco de nerviosismo porque no sé cuándo ni dónde llegaré a destino. No importa, sobreviven la emoción y la intriga; a veces la mejor manera de conocer una ciudad es perderse en ella.

20/4/10

Dedicatoria para un nadie, un alguien


Hola, ocasional transeúnte. Este libro (Fedra, de Jean Racine) pertenece al Movimiento Libro Libre Argentina; bah, en realidad este libro se pertenece a sí mismo, a sus palabras, al tiempo. Por eso es que tuvo que escapar de su último lector, porque contrario a lo que se dice por ahí, las palabras no nos pertenecen; tampoco la literatura, ni el Harte, ni el mundo.

Por lo tanto, usted, anónimo y potencial lector, se encuentra ante un trozo de mundo que tiene fecha de vencimiento. Cuando finalice la lectura de esta obra, deberá liberarla sin chistar. Es que a veces debemos desprendernos de aquello que creímos haber encontrado para siempre.


16/4/10

Proyecto para un Manifiesto Terrorista


A veces me preguntan por qué no publico lo que escribo. Podría hacerlo, cualquiera puede. Pero después tendría que hacerme el siguiente cuestionamiento: ¿justificarían mis palabras tanto papel? No. Nada que sea hecho con el lenguaje justifica siquiera una hoja de papel. No pensar en ese proceso de producción (del árbol al papel) es una omisión deliberada; al mismo tiempo, este soporte se nos presenta materialmente como una realidad ineludible e inevitable: necesitamos producirlo.
Intentando responder al interrogante inicial, puedo dejar que mis poemas ardan en el vacío, no obstante, no evitaré la tala de árboles, menos el avance de la manufactura papelera. En definitiva, somos capaces de escribir cualquier cosa y sin duda tendremos la posibilidad de publicar después. Pero esa acción jamás será inocente; en donde sea, todo el tiempo a nuestras espaldas correrán ríos mudos de sangre. Al menos tendríamos que ser conscientes de este crimen que cometemos constantemente. No puede haber mejor motivación: nos obliga a escribir con un estado máximo de conciencia, nos pone la responsabilidad de cargar con fuego nuestras sienes cada vez que nos atrevamos a darle a una palabra su forma material. De ahora en más debemos producir discontinuidades en el universo: demorar para siempre al transeúnte en la esquina; perforar todos los paraguas para que la gente jamás vuelva a olvidar el sabor de la lluvia; inventar vuelos verticales inversos para que la caída pierda su sentido; dibujar extremidades a las piedras y que éstas invadan nuestras ciudades hasta expulsarnos hacia los campos; liberar a todos los animales de los zoológicos; regalar armas de fuego a niños y a locos; atar rollos de papel higiénico en los paragolpes de los autos… crear un mundo inverosímil, donde no haya lugar para el hombre. Después de todo, estamos destruyendo el mundo. Entonces, deberíamos destruirlo de la mejor manera posible.


(continuará…)